
Retorno. El ordenador se rompió. Roto. Quiero pensar que fue un acto de solidaridad para conmigo. Mi ordenador es más persona que algunas personas. Esas personas-personas son en realidad amebas programadas para la normalidad, entendiendo por normalidad sus parámetros de cabestro cabal que, ante cualquier tipo de actitud diferencial les aparece en la pantalla de sus meninges un “El sistema no reconoce” No quiero llorar, no voy a llorar. Mañana, otra vez los mañana, harán una prueba sobre mi granulosa en el hígado—mío, el hígado—mío, joder. Me he encontrado tan sola en este periplo, periplo abierto, que no doy nada por perdido, nada. He abierto el ordenador, después de una etapa somne, y me encuentro no con declaraciones de lealtad y amor—amor, si no ¿Qué sino? con gilipolleces elevadas a la máxima potencia. Me envían sendos mensajes, los unos y los otros. Nadie a quién yo aprecie-putada extrema-- Los unos me dicen que tienen una página web que es la ostia de las ostias, y que si encuentro algo mejor que “busque compare y compre” y además me vendían un “cuadro de honor” con los premios y demás dádivas. Un pestazo a P.P. Y a gaviota invade esta pantalla. Me tapo la nariz. Los interfectos han ganado premios de poesía (no entiendo si a eso se le puede llamar tal) en ayuntamientos de la gaviota de marras (Vomito) Por otro lado, los que un día fueron compañeros durante tres minutos me envían su colaboración triunfal en Barcelona, taller de poesía en un bar de la Barceloneta. Más asco. Una gorda tocando tambores tribales, una ama de casa que se ha apuntado al Ateneo con ganas de follarse a alguien---virtualmente--una que dice que es pedagoga y que no sabe que revolución va con v, un médico psiquiatra que es viejo y no acepta. Yo caí en el error, una vez, dos veces, no más. Y me hace gracia la situación. El “uno” conminando a su mujer a poner otro diploma en el comedor; el tío facha, ganador, sin tener ni idea de poesía y por ende, del mundo, diciéndole a su mujercita: ¿Maricarmen, has enmarcado mi diploma de natación?. Los “otros” llevan pañuelo palestino, esa orla de izquierdas que no es de izquierdas porque no tiene ni puta idea de nada. La tía que quiere ser Isadora Duncan y escribe “Rebulución”--amante de niños y viejos, nadie en su sano juicio ría con semejante engendro, progre folladora de lo que surja, fea como la madre que la parió” No cobro, luego digo.No diferencio unos de otros, cerdos al compás de Gardel o unos revenidos con rastas. Uno sabe de los errores y aprende, algo. La última vez que estuve con esta gentuza—que no es de izquierda ni ná, no saben, no contestan-- les propuse poner de fondo para el recital poético-diculpen,tengo que reír-- que sonara Albéniz. Me dijo, la come pollas, que Albéniz no era catalán y no sonaba catalán-- Ah, claro, la nueva Isadora Duncan ignoraba que Albéniz nació en Camprodon. Poco importa, ignora cosas más importantes,es obvio que le resbale lo sutil, se le pasará con el tiempo o no. Veo el funeral de Albéniz, la estación de Francia, la comitiva hasta el Liceo, el homenaje en el cementerio de Montjuic, las palabras de F. García Lorca, Margarita Xirgú. Seguirá siendo cerda, la cerda. Yo, mañana sabré. Me pesa haber tenido un hijo y condenarlo a morir, solo por eso he de demostrar la dignidad que no tengo. Y, como decía un amigo mio que decía--a saber que querrá decir, al decir-- W. Allen, “Dios no existe, Marx ha muerto y no me encuentro muy bien".
Y lucho contra la estulticia, la mía.
Me queda Panero, Gimferrer y la voz de Albéniz, os dejo. No es hora de morir, no estoy por el empeño, aunque sea federalista y me guste Albéníz y hasta la suite de Iberia. Joderos.
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