miércoles, 4 de marzo de 2009

Recuerdos, olvidos e hipocóndrias varias.




















"Tata Lali"
Jùlia Morral

He estado unos días alejada de mi. Comentaba madre “estás fuera de ti” y es cierto. Ubicada exactamente entre una urticaria galopante y un silencio inhóspito, la soledad me supera y la hipocondría invade los huecos tristes de tu ausencia. Dedico las pocas fuerzas que me restan a husmear cualquier tipo de razón, razonable-en redundante, que pudiere ser la causa de tal estropicio. La investigación no da resultados y los sres. galenos me tienen hasta las mismísimas con sus aseveraciones icognitivas, esto es, resultados autoinmunológicos o lo que es lo mismo, no tienen ni puñetera idea. Será que me he convertido en una kamikaze emocional. Todo lo que pasa es emoción; rasco que te rascarás y me puteo para tapar otras emociones. Autodestrucción. El dolor se combate con otro dolor más grande. En efecto, mi urticaria y yo no hemos hecho amistad, no es un unicornio azul ya que puestos a tapar, coño, algo más sugerente requiero. Y aquí sigo, mejorando dentro de la normalidad anormal, mientras leo que ha muerto Pepe Rubianes de un cáncer de pulmón. Mierda, Rubianes, ahora no - la puta España, esa parte que también conocía Larra se alegrará—esa, esa en concreto a la que te referías, si- Por un momento pienso en la pérdida y por otro, en ese acto tan egoísta e inevitable de empatizar con el miedo, desasosiego invade entre urticarias, pulmones y un cenicero rebosante de Ducados asesinos. En este lapso de días y noches de pasión cutánea, lo peor ha sido el silencio, tu silencio. Un silencio explicado con un sencillo “me olvide”. Te olvidaste de recordarme; te olvidaste de recordarme y de recordar que estaba enferma; te olvidaste de recordarme y de recordar que estaba enferma y que tenías que recordar que según tus recuerdos recordabas que me habías querido siempre. Escucho a O`connor mientras preparo un café lloroso y me vuelvo niña. Tal vez necesites un pósit para que la nevera de tus noches recuerde mi nombre. Estoy buscando la paciencia entre los fármacos y tu imagen. Haz el favor de esperame y no olvidar mis ojos en tu número de teléfono.

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2 comentarios:

La paciente nº 24 dijo...

Por aquí no se te olvida, se te echa de menos. Por empatía, mojo mis lágrimas en tu café, mientras yo también escucho –ay- a la O’Connor, una larga historia y otra coincidencia que suenan y resuenan (serás…).

Los galenos ni idea del silencio, no prescriben nada para eso. Para tu silencio; un sonido. Para tu urticaria un unicornio desteñido. Para el milagro que esperas, un abrazo de hechicera (a ver si funciona). Permíteme que te diga: “Tu silencio, qué mal me ha caído…”

Que te mejores.

J. J. García Rodríguez dijo...

Así que un "dolor se combate con otro dolor más grande"... ¡Que no, Lali! ¡Que no quiero volver a escuchar o leer nada como eso...!

No me lo creo de nadie. No me lo creo de ti. No me creo que sea ésa la que imagen que quieras mostrar de ti a tu familia, tu descendencia o los demás.

Mira la foto que pusiste el otro día en "Construcción de Afectos", mírala bien. La pusiste tú.

¿Qué tiene eso que ver con la autodestrución que te habita estos días? Nada.

¡Guerra, Lali! Y bárbaros, muchos bárbaros. Y sajones, íberos. Aferitarles la cabellera a todos los romanos que se antojen a tu coñ.